El extranjero

 

Pese a su juventud, Benjamin Voisin se está especializando en encarnar a personajes de clásicos de la literatura francesa. Después de dar vida al protagonista de Las ilusiones perdidas, la adaptación de la novela de Balzac, ahora hace lo propio con El extranjero, la película basada en la novela homónima de Albert Camus que ha llevado al cine el siempre genial François Ozon. Voisin, que ya había trabajado hace años con Ozon en la estupenda Verano del 85, se pone ahora en la piel del misterioso Meursault, protagonista de la influyente novela de Camus, considerada como el tercer libro francófono más leído del mundo por detrás de El principito y Veinte mil leguas de viaje submarino

La interpretación de Voisin, impecable, es sin duda uno de los pilares de la película. Aparece en pantalla casi en cada plano y logra plasmar a la perfección esa extraña mezcla de apatía, pasividad e indiferencia de Meursault, el personaje de Camus que simboliza su filosofía del absurdo y del que tanto se ha debatido desde que el autor francés publicó la novela. En el cine se suelen alabar las interpretaciones contenidas, pero tildar de contenido el trabajo de Voisin en esta película sería quedarse corto. Es un personaje que apenas sonríe, cuya palabra preferida es “no” y cuya frase más repetida, con diferencia, es “no sé”. Borda el papel y está rodeado, además, de un elenco extraordinario en el que destaca también Rebecca Marder como Marie, la pareja de Meursault, quien lo ama de verdad, aunque él le diga que eso de querer a alguien no significa nada para él y que le resulta del todo indiferente casarse con ella. 

La película logra trasladar a la pantalla grande la complejidad de una novela con un claro trasfondo filosófico. Para su protagonista, la vida carece de sentido y son absurdos los intentos de la gente por intentar encontrarlo, ya sea a través de la religión, del amor o de cualquier otra creencia o sentimiento. Recela de las convenciones sociales y de los ritos. Por eso no llora en el entierro de su madre, por ejemplo, y por eso se niega a mentir en el juicio por asesinar a un árabe. No quiere dar una imagen distinta de sí mismo para ganarse el perdón. Le aburre el proceso, no miente para salvarse. Es alguien que siempre dice lo que piensa y que nunca parece sentir nada. 

Hay algo indudablemente atractivo en el protagonista de la historia, esa indiferencia ante qué dirán, pero también hay algo aterrador, por su amoralidad, que lo lleva a ni siquiera inmutarse cuando un amigo agrede a una mujer o a no sentir el mejor remordimiento tras asesinar a un hombre. Desde luego, no queda en mejor lugar la sociedad de la época, en la Argelia francesa. Al protagonista se le reprocha más no haber guardado el correspondiente luto por la muerte de su madre que asesinar a un hombre árabe. 

La situación de los árabes en la época colonial francesa en Argelia se muestra con toda su crudeza. No es casual que la película comience con imágenes reales de aquella época en las que se contrastan imágenes propagandísticas que hablan de la supuesta convivencia en amor y compañía entre occidentales y árabes con protestas y pancartas de argelinos que luchan por su independencia. En ese contexto, presente constantemente, transcurre la película. Cuando la pareja protagonista acude al cine, la cámara enfoca un cartel que señala que se trata de un establecimiento prohibido para los indígenas. Hay peleas y miradas de desprecio. En el juicio queda muy claro que a nadie le importa realmente la vida de ese árabe, que en la novela no tiene ni siquiera nombre, algo que enmienda en cierta forma la película. 

El filme destaca por las interpretaciones, en especial la de Voisin; por su fidelidad al trasfondo filosófico del libro, lo cual no es nada sencillo de trasladar al cine; por el retrato de la vida de los árabes en Argelia durante el periodo colonial francés y también por su apabullante belleza formal, con una exquisita fotografía en blanco y negro. Así, fondo y forma concluyen en esta impecable adaptación de El extranjero, un reto mayúsculo del que Ozon sale más que airoso, al firmar una de sus mejores películas en años, lo cual es mucho decir con un cineasta tan genial y tan prolífico. En los créditos finales del filme suena Killing an arab, de The Cure, una canción inspirada en la novela de Camus, que contrasta con el tono de la película, pero que sirve para recalcar la enorme influencia a lo largo del tiempo de El extranjero. Desde ahora, en lo alto de esa lista de obras deudoras del libro de Camus tendrá que estar esta gran película de Ozon. 

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