La hija del caníbal

 

Rosa Montero es una de mis escritoras favoritas, en especial, por el prodigioso La ridícula idea de no volver a verte, uno de los mis libros preferidos, y por el estupendo El peligro de estar cuerda. Ambas son obras híbridas que no es fácil encajonar en un género concreto. Aunque es muy diferente, algo parecido podría decirse de La hija del caníbal, la novela con la que la autora ganó el Premio Primavera de novela en 1997. 

El libro comienza con la misteriosa desaparición de Ramón en el aeropuerto de Barajas, donde se encontraba con su mujer, Lucía Ramos, escritora de libros infantiles, para ir a pasar el fin de año a Viena. Tras su desaparición, Lucía se dedica a investigar lo ocurrido junto a dos vecinos, el anciano Félix y el joven Adrián. Si nos guiamos por la sinopsis del libro, parece claro que se trata de una novela negra, de investigación de una trama de misterio que se irá enredando más y más hasta la resolución final. Una obra de género de manual, perfectamente ajustada a los cánones. 

Pero La hija del caníbal es mucho más que eso. Por supuesto, todo amanece del género encuentra en estas páginas lo que busca: giros de guión, intriga, sospechas, sucesos y personajes que no son lo que parecen, más y más enredos hasta el desenlace… Pero el libro va mucho más allá, hasta el punto de que diría que la trama de la investigación, aun siendo importante y aunque está muy bien construida, no es su principal aliciente. Lo más atractivo, al menos lo que a mí más me ha atrapado, es todo lo que hay alrededor, las historias de los personajes del libro, que rememoran su pasado. En especial, Félix, el vecino anciano que, casi por casualidad, se ofrece a Lucía para indagar lo sucedido con su marido Ramón. 

“Para poder ser, los humanos nos tenemos previamente que contar. La identidad no es más que el relato que nos hacemos de nosotros mismos”, escribe la autora casi al comienzo del libro. Y a eso se dedica buena parte de la obra, a relatar el pasado de sus protagonistas. A través de Ramón viajamos al surgimiento del movimiento anarquista, al lado de Durruti y Ascaso, al mundo taurino en el Madrid de los años treinta, a los horrores de la Guerra Civil, a la grisura del franquismo... Es muy interesante lo que cuenta, y también quiénes son sus interlocutores, que diría Carmen Martín Gaite, porque Ramón relata su historia a Lucía y a Adrián, un veinteañero al que todo aquello le suena al paleolítico.    

Así que el libro tiene mucho de novela de misterio e investigación, claro, pero también de novela historia, y siempre con un trasfondo existencialista, con reflexiones sobre el sentido de la vida, el pasado, nuestras ilusiones y desengaños, las utopías, las renuncias, las traiciones propias y ajenas. La autora también juega a entremezclar realidad y ficción. Por ejemplo, en un momento de la obra, la narradora cita a “Rosa Montero, la escritora de color originaria de la Guinea española”, que era “un tanto marisabidilla y a veces una autoritaria y una chillona”. 

La investigación sobre la desaparición de Ramón, que pronto se descubre que es un secuestro con inquietantes derivadas, da pie a la autora a reflexionar sobre la corrupción, que se ve que es algo que no pasa de moda. Hay un pasaje algo desencantado, pero quizá también lúcido, sobre el ser humano y sobre cómo reaccionan las personas ante según qué tentaciones.  Leemos que hay un puñado de gente sin escrúpulos, otro puñado de gente decente y luego “una masa amorfa de individuos, la enorme mayoría, personas bien intencionadas y agradables, pero débiles, o cobardes, o demasiado ambiciosas, o inseguras, o quizá estúpidas… Esta enorme masa se portará de maravilla Villa durante toda su vida si l es tentada a portarse mal. Pero en épocas de desmoralización o de infamia o de corrupción caerán en el delito o por lo menos lo permitirán y se harán cómplices”. 

Pese a todo, el libro tiene un trasfondo vitalista y optimista, porque reivindica la belleza y una cierta resistencia ante las mezquindades y los sinsabores de la vida, que siempre se soportan mejor con libros entretenidos y con trasfondo como este La hija del caníbal. 

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