Aunque ayer hizo en Madrid un calor propio de verano, por un rato sentimos como si estuviéramos en febrero carnavalero y, durante algo más de dos horas, el madrileño teatro de la Latina parecía el Gran Teatro Falla de Cádiz. Obró el milagro José Luis García Cossío, el Selu, uno de los más grandes compositores chirigoteros de la historia del Carnaval de Cádiz. En su espectáculo Universo Cádi recupera y actualiza algunos de los personajes de las inolvidables chirigotas con las que ha participado el el Concurso de Agrupaciones del Carnaval gaditano en las últimas décadas.
Ver encima del escenario al Selu, muy bien rodeado por sus compañeros de agrupación, es ya de por sí un lujo. Si encima se pueden recuperar algunas de sus creaciones más icónicas, como si de una máquina de viajes en el tiempo se tratara, y se puede constatar que sigue en plena forma, mejor que mejor. La trama de la obra es tan disparatada, surrealista y genial como cabe esperar: Trump se ha cansado de conquistar países en la Tierra y decide reclutar a personas singulares para conquistar el espacio, que resultan ser los personajes de distintas chirigotas del Selu en sus memorables participaciones a lo largo de los años en el Carnaval de Cádiz. Se nos cuenta y canta cómo ha pasado el tiempo para todos ellos, con ingenio y letras llenas de humor que se ríen, como está mandado, de todo y de todos.
Esa trama hilarante es el hilo conductor, la excusa para ver circular por el escenario varias de las mejores creaciones del Selu a lo largo de los años. El año pasado, este genio cuyo nombre está ligado para siempre a la historia del Carnaval de Cádiz, decidió dejar de participar en el Concurso, por la elevada presión que supone, después de 47 años, más de 30 como autor de chirigotas. En ese tiempo, ha ganado en cinco ocasiones, además de cinco segundos puestos, ocho terceros y cinco cuartos.
El público acudió entregado a verlo a él y a los suyos. Había mucho gaditano en la platea y también muchos madrileños y personas de otras partes que, gracias a la televisión y a Internet, hemos aprendido a admirar esa celebración del ingenio popular que cada año fascina en Cádiz con versos sobre la vida cotidiana, la política y todo lo que pueda imaginarse, porque el Carnaval es territorio de la libertad creadora, de la sátira y la guasa, no apta para alérgicos al humor ni para quienes no quieran reírse de sí mismos. Esa heterogeneidad del público se apreciaba en los aplausos: más convencionales, digamos, los de los madrileños, y con ese palmeo único y propio de Cádiz, los de los gaditanos, algunos de los cuales acudieron con camisetas de su equipo y hasta con pelucas de colores, porque ya dijimos que el Selu convirtió este caluroso mes de mayo en el febrero del Carnaval gaditano.
Gran parte del público, con el que los miembros de la agrupación interactuaron en todo momento, conocía bien lo que iba a ver, en parte, por el recuerdo de algunos de los estribillos más míticos de las chirigotas del Selu. Se cantó, por supuesto, el mítico “qué bonito está mi Cádiz” y el “esto sí que es una chirigota”. La Latina iba mutando en el Falla. Madrid adquiría aires gaditanos. Y la risa, la improvisación y el ingenio se adueñaban del escenario.
El la sesión de ayer sábado hubo algún que otro fallo técnico y alguna falta sincronización entre el guion y las imágenes que se veían, o se dejaban de ver, en la pantalla del fondo. Dio absolutamente igual. Miento, no es que dieran igual, es que incluso hicieron más divertido el espectáculo. Reaccionaron ante esos fallos con tanta naturalidad y con tanta genialidad que hasta al principio uno podía pensar que eran adrede. Parece ser que no, pero, ya digo, casi mejor, porque dieron lugar a algunas bromas improvisadas que estuvieron entre lo mejor de esa mañana carnavalera en Madrid. La guasa de serie, no necesita ningún guión previo. Hubo menciones a Zapatero y al Rosco de Pasapalabra, noticias recientes, ya carne de chirigota.
El Selu, que recordó que una cosa es dejar el Concurso y otra dejar el Carnaval, y que de esto último no tiene la más mínima intención, recuperó algunos de sus más recordados personajes, como una mujer de la limpieza que, pasados los años, pasa de quejarse de su jefa a ser encargada y hacer con otras lo mismo que hacían con ella, o el típico brasas sabelotodo. No faltaron bromas sobre las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial o las modas contemporáneas de todo tipo. Sin duda, uno de los momentos cumbre de la obra, quizá el más aplaudido, es cuando se despliega en el escenario el Congreso de los imputados, con dardos contra la corrupción en todas las direcciones, y también con menciones al caso Koldo, a los cribados del cáncer de mama en Andalucía, al estado de la salud en Madrid o a los discursos racistas de quienes defienden la presencia de inmigrantes siempre que sean explotados en trabajos precarios y mal pagados.
Puede que el Selu no vuelva al Concurso de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz que tanto ha contribuido a modernizar y engrandecer, pero con espectáculos como este maravilloso Universo Cádi sigue llevando la esencia de esta fiesta grande del ingenio gaditano más allá de la tacita de plata y más allá de su febrero carnavalero. Siempre que vuelva a Madrid, allí estaremos para reír junto a él y los suyos.

Comentarios