Cuando muchos todavía no nos hemos recuperado del todo del impacto de La bola negra, este viernes llega a los cines La voz quebrada, un luminoso y revelador documental dirigido por Manuel Menchón que se centra en los años finales de Lorca y, en particular, en su relación con Juan Ramírez de Lucas, el último amor del poeta. Los Cines Embajadores, a los que ningún cinéfilo de Madrid debería perder de vista, organizó el pasado lunes un preestreno del documental, seguido de un coloquio con el director y con el actor Víctor Clavijo, que da voz al poeta Luis Rosales en el documental, y que es un lorquiano confeso.
Justo antes de empezar la proyección, en una sala abarrotada, resonaban con fuerza los aviones que se dirigían al desfile militar del 12 de octubre. En un día así, por cierto, fue estupendo recordar lo que dijo Lorca sobre el sentimiento nacional y el patriotismo en su última entrevista publicada, que recoge el documental. “Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política”. Estupenda palabras para celebrar el día de la fiera nacional.
El documental está hecho con extraordinario rigor y llega después de años de investigación, con documentos inéditos y muy ingeniosos recursos. Es un acierto que no ponga en la boca de los protagonistas palabras que no pronunciaran o escribieran en la vida real, y también que no hay un narrador, sólo rótulos informativos que acompañan testimonios reales, a los que ponen voz, entre otros, Francesco Carril como Ramírez de Lucas de joven, Joaquín Notario como Ramírez de Lucas de mayor, Álvaro Morte como Lorca, y María Galiano como la madre del poeta.
Una parte significativa de los textos que se escuchan en el documental procede de las memorias de Juan Ramírez de Lucas. Tenía 19 años cuando conoció a Lorca. Los dos empezaron una relación amorosa que, según muchos estudiosos de la vida del poeta y dramático, fue la última de su vida. El joven Ramírez de Lucas, que quedó deslumbrado por la personalidad de Lorca. mantuvo esta relación en secreto hasta su muerte en 2010. Este largo silencio le obligó a llevar su dolor en soledad, por culpa de “la densa maraña de prejuicios y tabús que envenenaba la vida española de todos aquellos años y los muchos siguientes, que pesaban como losa inamovible sobre mí”, como él mismo escribió.
Allá donde aparece Lorca, naturalmente, el poeta está en el centro del relato, pero el gran protagonista de La voz quebrada es Ramírez de Lucas. Impresiona que mantuviera en secreto durante tantas décadas la relación que mantuvo con Lorca. Es imposible imaginar el desgarro de aquella pérdida, agravado por el sentimiento de culpa porque una de las razones por las que Lorca no se fue a México con Margarita Xirgú porque quería que Ramírez de Lucas lo acompañara, pero no podía viajar al extranjero siendo menor de edad, porque en aquella época la mayoría de edad estaba establecida en los 20 años.
En el documental se muestra el delicioso poema que Lorca le escribió del tirón en el reverso de una factura en un tren volviendo de un viaje. También la última carta que escribió Lorca, o al menos, la última que se conserva, dirigida a Ramírez de Lucas. En ella, que desgraciadamente terminó siendo una especie de testamento epistolar, Lorca le anima a sonreír, a disfrutar de la vida y a reponerse de una discusión con su padre, un hombre conservador que lo despreciaba y del que se sentía muy alejado. El último amor de Lorca, destrozado, sospechoso a ojos de los ganadores de la Guerra Civil, se tuvo que alistar en la División Azul para intentar hacerse perdonar por el régimen, como tantos supuestos voluntarios. Pasado el tiempo, Ramírez de Lucas fue periodista cultural, crítico de arte en el ABC, donde escribió un reportaje en los años 60 tras visitar la Huerta de San Vicente. Nadie más que él sabía entonces hasta qué punto era importante para él.
El documental, que hace un admirable despliegue de documentación y rigor, acierta al no enredarse en el eterno debate sobre las causas del asesinato de Lorca, entre otras cosas, porque supone el muy poco edificante ejercicio de ponerse en la mente de unos asesinos que desde su odio y fanatismo, odiaban a Lorca por representar todo lo que ellos no eran. Como si importara lo que pasó por la cabeza de la gentuza que asesinó a Lorca. Queda claro su compromiso con la República, con la izquierda y con los pobres. También se da a entender que formó parte de la logia masónica de Granada, con el alias de Homero. Aparecen versos, cartas y discursos de Lorca que, aunque uno los conozca ya de memoria, no dejan de conmover y emocionar.
Ramírez de Lucas, actor de La Barraca, fue también testigo de excepción de las últimas creaciones de Lorca, como La casa de Bernarda Alba, gracias a su relación amorosa con el poeta. Sus recuerdos, que durante tanto tiempo estuvieron encerrados bajo llave, salen ahora a la luz en este excelente documental, La voz quebrada, y también en unos días en el libro Recuerdos. Breve historia de un amor de Ramírez de Lucas, que publica Seix Barral con edición de Christopher Maurer y Víctor Fernández.

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