Lorca dijo de El público que “no es una obra para representarse, es un poema para ser silbado”. Contó reiteradamente a sus amigos más cercanos que estaba convencido de que sería imposible llevar esa obra a las tablas. No le faltaban motivos para pensarlo. Por los temas abordados, tremendamente adelantados a su tiempo, por su revolución formal, por el temor a la reacción del público y también por lo complejo que es convertir en una obra teatral con actores está historia tan enrevesada, surrealista y llena de ensueño, trasladar esa imaginación lorquiana desaforada a un escenario. En fondo y en forma, en efecto, Lorca tenía razones sobradas para sostener que El público era irrepresentable.
También, claro, influía el tratamiento del deseo homosexual. Lorca escribió esta obra en 1930. En una carta enviada a su amigo Rafael Martínez Nadal, que era crítico teatral, el autor describía El público como “un drama de tema francamente homosexual”. Se sabe que, como solía hacer el autor, la reescribió varias veces. Se llegaron a publicar un par de páginas de la obra en una revista en 1933. Algunos amigos del poeta y dramaturgo conocieron la obra, y no pocos de ellos se escandalizaron por ella y reforzaron en Lorca la idea de que jamás se podría representar sobre las tablas.
Al igual que sucede con otras obras lorquianas, la historia de El público está llena de misterio y también está atravesada por la homofobia de la época y por el asesinato de su autor. El 13 de julio de 1936, un día antes de marcharse a Granada, Lorca le entregó un manuscrito de El público a Martínez Nadal. Éste no lo hizo público hasta 1976 y la obra se creía perdida. En España no se representó hasta 1986.
Ahora el Teatro Clásico de Sevilla vuelve a llevar a escena esta surrealista y apasionante obra de Lorca, con dirección de Alfonso Zurro, en una magnífica adaptación que puede verse hasta el 18 de octubre en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. Como bien afirma Zurro en el programa de mano, estamos ante la obra dramática más radical de Lorca y uno de los clásicos de la vanguardia histórica del teatro español por antonomasia. También cuenta que Lorca no hace ninguna concesión al espectador en esta otra. La adaptación sigue esos pasos, con una gran fidelidad al libreto conservado. Tan sólo una breve escena inicial en la que vemos al propio Lorca intentar convencer a un director que represente su obra sirve para situar al espectador, antes de envolverlo en las imágenes poéticas asombrosas que Lorca ideó hace casi un siglo.
Es una obra radical, conceptual y muy revolucionaria. Tras verla, pienso que si El público sorprende y desconcierta al público del 2026, es difícil imaginar qué reacción habría causado en el público contemporáneo de Lorca. Porque las obras con las que se hizo famoso, aunque llenas de lirismo, se basaban en la realidad, tenían mucho de costumbrismo, mientras que ésta se encuadra dentro de su teatro imposible, mucho más onírico y surrealista. Aparecen caballos, hay saltos entre lo que parece el mundo real y lo que parece el sueño o la fantasía. Los personajes son, entre otros, Cascabeles, Desnudo Rojo, Caballo Blanco 1, Poeta Bobo, Arlequín o Julieta, la protagonista del drama de Shakespeare.
No es El público la típica obra de la que se puede hacer una sinopsis completa. Tampoco es una obra a la que el espectador deba acudir esperando encontrar su introducción, nudo y desenlace. Encontrará desconcierto y dudas, imágenes poéticas, escenas cuyo sentido quizá no alcance a comprender, ni falta que hace, claro. Es una obra en la que la homosexualidad y los deseos reprimidos ocupan un espacio central. Dijo Lorca que el día en que deja uno de luchar contra sus instintos, ese día se ha aprendido a vivir y de eso va en gran medida esta obra. Es una apasionada y delirante defensa de la libertad sexual y afectiva. Un alegato contra las máscaras, contra los deseos y las identidades escondidas.
Esa misma defensa de la libertad la traslada Lorca a su propicia concepción del teatro. Porque esta hora también habla del teatro. Y Lorca deja claro aquí lo que piensa del teatro burgués, el que no remueve al espectador. En la obra se habla del teatro al aire libre, el que no incomoda ni sorprende, y del teatro bajo la arena, el que él quiere hacer, el que representa con radicalismo y osadía absolutas en El público. ”Yo arrancaría de los teatros las plateas y los palcos y traería abajo el gallinero. En el teatro hay que dar entrada al público de alpargatas”, dijo Lorca en una entrevista.
Impacta y sorprende la obra que se puede disfrutar ahora es la sala Guirau del Teatro Fernán Gómez, cuyo elenco está formado por Juan Motilla, Lorena Ávila, Luis Alberto Domínguez, Santi Rivera, Iñigo Núñez, Piermario Salerno, José María Del Castillo y Silvia Beaterio. Todos ellos dan vida a varios personajes y ninguno lo tiene precisamente fácil, es una obra muy arriesgada y exigente. El elenco sale más que airoso del reto.
Lorca nunca vio representado El público, pensó siempre que jamás podría disfrutarse en un teatro. 90 años después de su asesinato, sigue removiendo a los espectadores, sigue asombrando por su atrevimiento y su modernidad. El odio de los asesinos de Lorca nos privó de sus futuras obras, de tantas y tantas creaciones geniales que ya nunca podremos disfrutar. Parece claro que El público marca el camino que quería recorrer, innovando y llevando la poética más radical a las tablas. Es muy admirable que en ningún momento se acomodara en el tipo de obras rurales y costumbristas con las que cosechó un enorme éxito. Fue un artista total y un adelantado a su época. También en alguna entrevista expresó con nitidez su forma de entender el teatro. “Yo siempre haré el teatro que me guste, el que siento; y lo haré como me dé la gana", contó. Así lo hizo hasta el odio terminó de golpe con la vida de uno de los más extraordinarios creadores de la historia, cuya voz no silenciaron porque su obra es inmortal. Y aquí seguimos, 90 años después de aquel crimen, disfrutando de sus creaciones, rendidos a sus pies.

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