Candidato Trump

La broma de mal gusto de ver al excéntrico, machista, racista, homófobo, arrogante y fanfarrón multimillonario Donald Trump convertido en candidato a la Casa Blanca se ha consumado. Aún no ha sido nominado por el Partido Republicano, pero la formación conservadora se resigna a que sea Trump quien dispute, previsiblemente, a Hillary Clinton, la presidencia estadounidense. Comenzó la campaña el promotor de realitys shows soltando cada exabrupto que se le pasaba por la cabeza. No dejó ninguno en la campaña. Y, pese al escándalo de sus intervenciones, cada insulto racista o comentario denigrante hacia las mujeres antecedía a un nuevo éxito en las primarias de Trump. Contra todo pronóstico, aspira a llegar a la Casa Blanca. ¿Qué ha fallado? Trump es un síntoma, eso está claro. Un síntoma alarmante. 
Lo primero que llama la atención es que Trump haya conseguido conquistar al votante medio, al estadounidense de clase media, o media baja. Él, un multimillonario. Ha capitalizado las críticas al sistema un personaje que es el máximo exponente del propio sistema, de muchas de sus perversiones. Representa el perfil empalagoso de empresario hecho a sí mismo y demás patochadas. El cuñadismo elevado a su máxima expresión. Parece obvio que no se ha liberado un virus de la estupidez por Estados Unidos. Descartada esta hipótesis, que explicaría de un modo racional que este personaje haya sido elegido candidato a la presidencia por el Partido Republicano, hay que buscar otras razones. Y la primera es que el votante estadounidense está cansando del establishment. Lo llamativo es que tantos votantes hayan ido a elegir para romper con el sistema a alguien que encarna muchos de los rasgos propios del mismo.

Dice poco de los responsables del Partido Republicano que haya surgido en sus filas, y con semejante fuerza imparable, un candidato como Trump. Parte de la responsabilidad de este surgimiento casposo se debe al nacimiento hace ya años del Tea Party, una suerte de grupo ultra dentro del partido conservador estadounidense, de los que siguen creyendo en el creacionismo. Se ha ido alejando el Partido Republicano del Estados Unidos actual, el de las minorías crecientes. La linea dura adoptada con los inmigrantes, por ejemplo, no la ha inventado Trump. Es sólo que él hace discursos abiertamente racistas, mientras que los líderes del Tea Party decían lo mismo, aunque con más remilgos. 

Lo aterrador de la elección de Trump como candidato es que muchos votantes deben pensar lo mismo que él. Es más, muchos considerarán que por fin ha llegado a la política alguien capaz de llamar a las cosas por su nombre, de decir lo que todos piensan, pero nadie afirmaba antes. Y espanta este planteamiento, porque Trump, entre otras intolerables patrañas, ha insultado a los hispanos, ha dicho que va a construir un muro en la frontera con México que pagará aquel país, que acabará con el Estado Islámico en cinco minutos, que hará que Estados Unidos vuelva a ser grande en el mundo.. No han faltado tampoco burlas a periodistas con discapacidad, ni a mujeres u homosexuales. 

Trump es una especie de Berlusconi de la política estadounidense. No es extraño que el multimillonario se sienta cercano a Vladimir Putin. Es la misma imagen rancia de machote que se da golpes en el pecho, exalta su virilidad (también ha hablado Trump en esta campaña del tamaño de su pene) y propone soluciones sencillas (y estúpidas) a problemas complejos. El descontento de los ciudadanos con la clase política genera monstruos. Y la pesadilla de Trump como candidato republicano, pesadilla sobre todo para el propio Partido Republicano, es una luz roja de alarma. Algo falla en este partido y en toda la clase política estadounidense si hay tantos ciudadanos dispuestos a romper con todo del peor modo posible, respaldando a un ser tan incompetente y limitado que podría convertir, por comparación, a George W.Bush en un presidente excelso. 

El millonario se presenta como un empresario capaz, que hará con Estados Unidos lo mismo que con su entramado empresarial. Esa pose de "yo sé lo que hay que hacer", esa postura boba de creerse el más listo de la clase, de presentarse como un salvador que elevará de nuevo a su país al lugar de dominio que China amenaza ahora. China es otra de sus obsesiones. Como lo son los musulmanes (llegó a proponer para acabar con el Estado Islámico prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos). Que Trump sea candidato a la presidencia es, más o menos, como si llegara a ese puesto el clásico sabelotodo fanfarrón de barra de bar que tiene opiniones, tan rotundas como inconsistentes, sobre cualquier cuestión de actualidad. Como si sacáramos a este personaje del bar y lo pusiéramos frente a un estrado. Y la gente, claro, lo votara. Es lo que ha ocurrido en Estados Unidos, la primera potencia del mundo, un país con múltiples defectos, pero donde la tasa de paro está en un envidiable 5,3%, que salió de la crisis mucho antes que Europa (si podemos afirmar que Europa ha salido). 

Desde fuera, se escapan las razones que pueden generar tanto descontento en los ciudadanos, tal grado de escepticismo y rencor con la clase política convencional como para que Trump sea elevado a candidato. Cierto es que ninguno de sus rivales era precisamente ejemplo de tolerancia ni ideas modernas. Trump es un síntoma de una enfermedad grave e inquietante, que se da en Estados Unidos, pero también en otros países, como Austria, donde ganan las elecciones formaciones xenófobas. El descontento con la política convencional debería conducir a una política más responsable y cercana a los ciudadanos, pero muchas veces deriva en el ascenso de fantoches. El último, Donald Trump, que ahora intentará modular su discurso frente a Hillary Clinton para ser presidente estadounidense en una hipótesis que nadie quiere plantearse hoy, pero que está mucho más cerca que hace unos meses. Viendo la cantidad de mujeres y de personas de minorías en Estados Unidos, costaría entender que Trump ganara los comicios de noviembre. Pero también cuesta, y mucho, comprender que haya arrasado en las primarias republicanas.  

Comentarios